Desde pequeña recuerdo a mi abuela lavando en la batea del patio o poniendo a secar la ropa al sol. Ella tenía dos cuerdas que atravesaban el patio a lo largo y si era día de lavar, ambas cuerdas se llenaban con pantalones, sabanas, toallas o cualquier cosa que necesitara secarse.
Mi mamá en cambio no podía darse el lujo de secar la ropa al sol porque vivíamos en el cuarto piso de un edificio y estaba prohibido colgar ropa en las ventanas, sin embargo, ella evitaba a toda costa meter en la secadora la ropa delicada y usaba ganchos de ropa para colgar ropa en el baño.









